ENTAMU
El último año del siglo XIX, vio la llegada de mi abuela a la vida, en el humilde y pescador barrio de Sabugo; vio la llegada de mi abuelo, que con su familia mirandina, desembarcó en el puerto de Santander, trasladándose a la Calle Nueva de Avilés. Llegaron a bordo del barco Alfonso XIII, procedentes de Santa Clara (Cuba), él apenas tenía tres años, sus padres no habían ido a hacer la Habana, habían ido de criados de unos señores de Galiana, y regresaron con cuatro reales, con los que abrieron el bar Casa la Rubia.
Cuento todo esto, porque mi abuela, es una de las mayores responsables de mi interés por la historia de nuestra villa; Sus historias sobre cosas acontecidas en la villa, como el hambre que pasaba en los principios del siglo XX, el vampiro de la Magdalena, el bar que poseía mi bisabuela, la fabrica de baldosas de mi abuelo, etc., me hicieron empezar a investigar sobre nuestro pasado. No es que mi abuela fuera una gran contadora de historias, pero recuerdo que a mediados de los años 80, cuando la televisión programaba la serie Raíces, esa serie hizo que empezará a interesarme por mis antepasados, ¿quiénes eran? ¿cómo vivían? ¿de donde procedían?, ahí empezaron las preguntas a mi abuela, de sus respuestas salieron nombres como Gertrudis, Benita, el Sargento “Pates”, Pepe “El Cristo”, etc. Veinte años más tarde, me regalaron un libro: “Avilés Memoria Gráfica”, cientos de fotografías del Avilés de primeros del siglo veinte. En ese momento renació mi interés por nuestro pasado, pero no solamente por mis ancestros. Esas imágenes hicieron que retomará con fuerza la realización de mi árbol genealógico, pero también mi interés por lo que es toda la historia de nuestra, villa milenaria.
jueves, 8 de marzo de 2018
ALARMA EN AVILES EN ENERO DE 1920 POR LA PRESENCIA DE UN BARCO CON ENFERMOS
domingo, 4 de marzo de 2018
EN 1844 SE JUBILA EL CIRUJANO DE AVILES CON MAS DE 90 AÑOS
jueves, 1 de marzo de 2018
ALGUNOS PUNTOS DEL REGLAMENTO DEL HOSPITAL DE CARIDAD EN 1884
- Habrá dos enfermerías, una para hombres llamada “San Nicolás” y otra para mujeres llamada “La Pasión”.
- Se recomienda de un modo especial a los enfermos, no fumen en las salas ni en las camas.
- Se recomienda al regente cuide de que los enfermos no tengan pan ni restos de comida en los cajones de sus mesas de noche, por los perjuicios que este abuso pudiera traer a la salud de los mismos.
- De diez a doce de la mañana y de tres a cuatro de la tarde se permitirá la entrada en las salas a visitar a los enfermos. El regente prohibirá la entrada de toda clase de alimentos y bebidas, vigilando se guarde el mayor órden.
- La alimentación consistirá en ración, ración de huevos, sopas de pan, arroz, de fideos, dietas animal y vegetal. Las cantidades de que se compone cada alimentación:
- El desayuno se dará a las siete de la mañana, la comida a las doce del día, el chocolate a las cinco de la tarde y la cena a las ocho de la noche desde el 1 de octubre a fines de marzo, y a las nueve los restantes
- El regente hará que se barran las salas dos veces al día, y una las escaleras, tránsito, almacen, patio, etc.
- La vasijas de los enfermos se fregaran dos veces al día
- Las sabanas y almohadas se mudarán cada quince días. Las camisas cada ocho días.
- Una vez a la semana se regaran las salas con cloruro de calcio.
- Habrá una lampara en cada sala, un quinqué en la cocina y otro para la escalera.
jueves, 22 de febrero de 2018
EL CÓLERA EN AVILÉS
viernes, 16 de febrero de 2018
LA SIDRA Y EL DR. VILLALAIN
EL HOSPITAL DE CARIDAD EN EL SIGLO XIX
miércoles, 14 de febrero de 2018
INGRESOS EN EL HOSPITAL DE AVILES EN 1880
TUBERCULOSIS EN 1927
jueves, 25 de enero de 2018
FIEBRES TERCIANAS EN 1867
viernes, 19 de enero de 2018
HOSPITALES EN 1753
jueves, 18 de enero de 2018
EPIDEMIAS EN AVILES A MEDIADOS DEL SIGLO XIX
Hacia mediados del Siglo XIX, allá por la década de los años 50, Avilés despertaba del secular letargo en que había quedado sumida la villa, trás el auge alcanzado en la Edad Media como puerto abastecedor de Uvieu.
En la misma reunión a que nos venimos refiriendo deniega la pretensión del nuevo Administrador de rentas de la Villa para continuar con las oficinas en el piso segundo del ex-convento de La Merced, en razón de ser los locales más apropiados para instalar el Hospital de Coléricos, y por una Real Orden de la misma fecha, se prohiben las exequias de cuerpo presente, lo que se participa a los Sres Curas Párrocos del Concejo para su puntual cumplimiento.
Se conservan detallados partes especificando lo aportando por el vecindario de los distintos barrios y calles, a fín de dotar el hospital de coléricos de ropas y enseres, que tienen un gran interés por cuanto nos desvelan el asentamiento de los vecinos, pero que omitimos por lo extenso que sería su enumeración. de entre las aportaciones económicas recibidas de quienes residían fuera, cabe destacar, desde Madrid, la de Don Guillermo Schultz, de 300 reales; desde Á Coruña, las de Don José y Don Froilán Arias de 1500; desde segovia, la del Coronel de Artillería don José Solís, de 276 reales, y desde París las de Don Crescencio Zaldúa de 320 reales y la de Don Ramón Valdés de Biesca de 1000 reales. De entre los vecinos, las de una "persona devota que oculta su nombre" de 5000 reales, el Conde de Revillagigedo con 1000 reales, don Benito Maqua con 2000 reales, don Bartolomé Menéndez de Luarca con 1500 reales y el Marqués de Ferrera com 3000 reales.
Con terrible ansiedad y zozobra, transcurrían los días finales de aquel verano, en resignada espera de los terribles acontecimientos que se presentían.
El Ayuntamiento se constituye en sesión permanente
El día 1º de septiembre, la Junta de Sanidad da cuenta de la existencia de cólera en Tazones, Ribadesella y Vega de Ribadeo, extremándose las medidas de control en transportes y viajeros, las normas de higiene y dietas de alimentos y sobre todo controlando las tripulaciones de los barcos que arribaban a puerto. Al día siguiente, la Junta designa Director del Hospital de Coléricos al teniente Coronelk de Artillería retirado don Antonio Carbajal, que habría de prestar beneméritos servicios al frente del mismo y se designaron también los Comisionados para cada uno de los distritos, siendo los correspondientes al casco de la población, los siguientes: Galiana, don Manuel de Prada y don Bernardo González Carbajal; Rivero, don Antonio García Barbón y don Antonio de la Campa; Ferrería, don Francisco Robés Quevedo y don Hermenegildo Suárez Solís; La Cámara, don Genaro de Prada y Don Bonifacio de las Alas, y Sabugo, don Bruno Villa del rey y D. Ramón Troncoso.
El parte médico correspondiente al día 6 de septiembre dice así: "desde el pasado día 2, se observan algunos cólicos, que sin poder nominarlos, cólera morbo asiático, ofrecen síntomas y carácteres sospechosos"
Sólo seís días después el tenor literal del parte médico, manifiesta prácticamente: "hoy, poseídos del mayor sentimiento, cumplimos el triste deber de decie a V.S., para los fines que juzgue conveniente, haberse presentado casos bien caracterizados de cólera morbo con carácter epidémico"
A partir de entonces, el Ayuntamiento y la Junta de Sanidad se constituyen en sesión permanente las 24 horas del día. El libro de partes en el que se van dando los pormenores de los dolorosos estragos de la epidemia nos traen a la memoria las terribles escenas que, con pluma maestra, describe Manzoni, en su inmortal novela "Los Novios".
El cementerio, situado en los terrenos que hoy ocupa el ruinoso lavadero de la Calle González Abarca y los edificios que fueron de Hidroeléctrica, denominados anteriormente fábrica de la luz, estaba de servicio continuo; las calles desiertas eran únicamente transitadas por los presurosos cortejos fúnebres y por el acarreo de enfermos al hospital, se prohibió el toque de campanas y una gran parte de la población, que contaba con recursos para ello, cerraron sus casas y se trasladaron a otros lugares.
Así soportaba Avilés el terrible azote, que por dos veces sembró el pánico y la muerte, la primera entre el 6 de septiembre y el 20 de octubre; la segunda entre el 3 de noviembre y el 24 del mismo mes de aquel año terrible.
Por los partes relativos al primer periodo, sabemos que resultaron invadidos por la enfermedad 150 hombres, 331 mujeres y 33 niños, en total 514 personas, de una población real que en aquellos días no alcanzaba las 3000 almas, de los afectados se curaron 102 hombres, 247 mujeres y 22 niños, siendo, consiguientemente, los fallecidos, 47 hombres, 83 mujeres y 11 niños, en total 141 personas, a las que han de sumarse los 18 fallecidos, en el mismo periódo en el Hospital de Caridad al complicarles la epidemia otras dolencias que ya tenían.
En el segundo período se contabilizan 265 invadidos de los que curaron 142, falleciendo 123 personas, más otras 15 que en dicho período murieron en el hospital de coléricos.
De estas lúgrubes estadísticas podemos concluir que la epidemia, en sus dos fases, afectó a 812 personas, que venían a representar un 27% de los habitantes, siendo los fallecidos en número de 297, un 36% de los afectados y casi un 10% de la población.
El parte correspondiente al 4 de octubre dice: "la epidemia disminuye desde el día 1º, habiendo alcanzado su mayor virulencia entre los días 12 y 20 del pasado septiembre."
En la sesión del Ayuntamiento del día 11 siguiente, se acuerda señalar el jueves día 18, si no hay repetición de casos, para que tenga lugar el Te Deum de acción de gracias. Posteriormente se trasladó la fecha al domingo 21 a las 12 del mediodía, con asistencia de la milicia nacional, a la que se le facilitará pólvora para dos cargas, una al exponer al Santísimo y otra al reservarlo, pero el tres de noviembre se recrudecía de nuevo la epidemia que, como ya hemos indicado, persistiría hasta finales de mes, cobrándose de nuevo vidas.
A mediados de diciembre, parece, por fín, desterrado, definitivamente el mal. El boticario don Tomás Córdoba remite al Ayuntamiento la relación de recetas despachadas para atenciones médicas de los enfermos y una vez más se convoca en domingo, en la Iglesia Parroquial de San Nicolás, " al solemne te deum al Todopoderoso, por haber desaparecido la enfermedad del cólera, con que, por segunda vez, fue afligida la Villa", según dice en el acuerdo municipal que testimonia y patentiza la claridad con que nuestros antepasados sabían que no eran dueños de sus vidas, y como aquella población, angustiada y abatida, buscaba consuelo en el refugio de la fé.
Para hacer frente alos cuantiosos gastos, la Diputación Provincial puso a disposición del Ayuntamiento 4000 reales; el Sr Obispo de la Diócesis 2000 y el secretario del Gobierno de la Provincia trajo personalmente 6000 reales.
Transcurridos estos días trágicos, de tan triste período de la historia de nuestra Villa, que no se libraría de otros brotes de cólera, aunque no de tanta intensidad, 15 años más tarde hemos de hacer mención a las muestras de reconocimiento y gratitud del pueblo y de la Corporación Municipal, a todos cuantos se esforzaron y distinguieron en la lucha contra la enfermedad. En este sentido, se reiteran los acuerdos, ya en 28 de noviembre se resuelve:
"Por los humanitarios servicios prestados por el sr. Director de la Compañía Asturiana de Minas de Arnao y por el Director del Hospital de Coléricos, don Antonio Carbajal, en los aciagos días en que sufrió esta población los rigores del cólera, se acuerda tributarles un voto de gracia en lso términos más atentos y expresivos..."
Y más adelante se dice:
"Vistos los estados de invadidos, curados y muertos por el cólera que presentan los doctores don Gregorio Cuesta y don Gregorio Zaldúa, expresando el sentimiento de haber visto tantas víctimas sin que fuera posible sanarlas, por más medios que han puesto y sus mejores deseos. El Ayuntamiento lamenta como ellos aquellas desgracias, si bien tiene la convicción de que se ha hecho cuanto fue posible para evitarlo, por lo que les tributa las gracias, a la vez que quisiera darles una prueba del alto precio en que tienen sus servicios, además de la recomendación que se merecen al gobierno de S.M"
La Comisión de Recompensas, entre otras distinciones acuerda, remunerar al Alcalde Pedáneo de galiana, Don manuel Ovies, y dem´ñas personas que prestaron servicios en las dos invasiones de cólera, y el Ayuntamiento por resolución del 9 de Febrero de 1856 acuerda:
"Entregar a los médicos titulares, Sres de la Cuesta y Zaldúa, los dos bastones con puño de oro y las inciales de sus nombres y apellidos, que la Comisión de Recompensas encargó en madrid, y que costaron 3000 reales, cuyos bastones se acompañarán con atentas comunicaciones, reiterándoles en nombre del Ayuntamiento las gracias por sus servicios en la epidemia de cólera morbo.
Los vecinos de la Villa y Sabugo en agradecimiento por haber sobrevivido a las víctimas que hizo el cólera, organizan una función religiosa, a la que se suma la Corporación Municipal facilitando 200 reales para ayuda de los gastos que con ello se originen, y también el Ayuntamiento, el 13 de Febrero, nombra una Comisión para que se entreviste con los Párrocos a fin de organizar un funeral por los pobres fallecidos, al igual que también lo hace la Junta de Cementerios. Con este fín Don Féliz Ochoa hace donación de un catafalco para las hónras fúnebres, señalándose por el Municipio las tarifas para su utilización: los entierros de primera clase, 100 reales; los de segunda, 80 reales; y los de tercera 10 reales.
Bibliografía: Revista del Bollo porJusto Ureña y Hevia. Año 1987
