ENTAMU

El último año del siglo XIX, vio la llegada de mi abuela a la vida, en el humilde y pescador barrio de Sabugo; vio la llegada de mi abuelo, que con su familia mirandina, desembarcó en el puerto de Santander, trasladándose a la Calle Nueva de Avilés. Llegaron a bordo del barco Alfonso XIII, procedentes de Santa Clara (Cuba), él apenas tenía tres años, sus padres no habían ido a hacer la Habana, habían ido de criados de unos señores de Galiana, y regresaron con cuatro reales, con los que abrieron el bar Casa la Rubia.

Cuento todo esto, porque mi abuela, es una de las mayores responsables de mi interés por la historia de nuestra villa; Sus historias sobre cosas acontecidas en la villa, como el hambre que pasaba en los principios del siglo XX, el vampiro de la Magdalena, el bar que poseía mi bisabuela, la fabrica de baldosas de mi abuelo, etc., me hicieron empezar a investigar sobre nuestro pasado. No es que mi abuela fuera una gran contadora de historias, pero recuerdo que a mediados de los años 80, cuando la televisión programaba la serie Raíces, esa serie hizo que empezará a interesarme por mis antepasados, ¿quiénes eran? ¿cómo vivían? ¿de donde procedían?, ahí empezaron las preguntas a mi abuela, de sus respuestas salieron nombres como Gertrudis, Benita, el Sargento “Pates”, Pepe “El Cristo”, etc. Veinte años más tarde, me regalaron un libro: “Avilés Memoria Gráfica”, cientos de fotografías del Avilés de primeros del siglo veinte. En ese momento renació mi interés por nuestro pasado, pero no solamente por mis ancestros. Esas imágenes hicieron que retomará con fuerza la realización de mi árbol genealógico, pero también mi interés por lo que es toda la historia de nuestra, villa milenaria.

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lunes, 5 de marzo de 2018

TABERNAS MESONES TIENDAS SEGUN EL CATASTRO DE ENSENADA DE 1753

A la veinte y nueve dixeron que en esta Villa ay dos tabernas, donde se vende el vino por menor, que provehe un arrendatario de los Reales Servicios de Millones, que actualmente lo es, Fernando de Quiros, y hecho varias consideraciones se le regula de utilidad por dicho arrendamiento, ochocientos reales de vellon, por la venta por menor de una de dichas tabernas, que administra de su quenta un mil trescientos y veinte reales, y por la / otra taberna que mantiene Rosa Gonzalez, viuda, de orden del mismo, se le regula otra igual cantidad.
Que también ay en esta dicha Villa quatro casas destinadas para mesones, la una propia de don Juan Antonio Suarez Quiros, que le vale en renta cinquenta reales de vellon; otra del Marques de Ferrera, que por su renta anual le pagan cien reales; otra de don Pedro Valdes Solis, y la Condesa de Canalexas por mitad, que tienen arrendada por el alquiler / de noventa y nueve reales de vellon y la otra de Pedro Alvarez, regulado su alquiler en trescientos y treinta reales, que igualmente regulan de ganancias a los mesoneros de los dichos quatro mesones. Al que sirve en el primero que va expresado de don Juan Antonio Quiros, que sirve de yerva y cevada, doscientos sesenta y seis reales,. Al del Marques de Ferrera, se le considera de utilidad, seiscientos veinte y quatro reales. Al de don Pedro Valdes Solis, y Condesa de Canalejas, por mitad, regulan de utilidad al mesonero, ciento y sesenta reales vellon, por servir solo para yerva. Y al dicho Pedro Alvarez, que mantiene en su mesón, yerva, cevada, y camas, le consideran
de utilidad anual, quinientos quarenta y quatro reales de vellon.
Que ay asimismo quatro tiendas, propias de esta Villa, que rentan por su alquiler, ciento treinta y dos reales de vellon.
Que tambien ay quince casas de posadas, para toda / clase de hospedar huespedes, que se provehen de cevada y yerva, para su venta por menor, que mantienen de continuo. Una Manuela de la Campa, vecina de esta Villa, y por las mismas razones, le regulan de utilidad anual, trecientos setenta y seis reales, Otro de Maria Menendez Caxnina, y se le considera trescientos sesenta. A Manuela de Vango, ciento sesenta y quatro. A Antonia Cuerbo, doscientos y quarenta. Josepha Alvarez / ciento treinta y seis. Josepha Alonso de la Viña, doscientos y ochenta. Francisca Cores, doscientos y quarenta. Pedro Muniz Silbota, ciento y veinte. Juana Cuerbo, soltera, doscientos quarenta y ocho. Bernardo de Obes Garcia, doscientos y quarenta. Francisco Reconco, doscientos cinquenta y seis. Gertrudis Alvarez, trescientos y noventa. Theresa Diaz del Rio, doscientos y quarenta. Manuela Cuerbo Arango, y Bernardo / Alonso Cantarinas, a doscientos y quarenta reales cada uno anuales.
Que en esta Villa ay casa destinada de panaderia. Si, que ay diferentes panaderas asta el numero de ciento y trece, que por evitar prolixidad no se expresan; y se las consideran al todo de estas tratantes, veinte y siete mil seiscientos y sesenta reales de vellon de utilidad anual, segun resulta del asiento de cada una.
Que ay una casa de carnizerias, para la venta de carnes de baca / y carnero en su rastro, para el deguello de los animales; la que es de la Justicia y Reximiento de esta Villa, y no se le regula utilidad, por darla sin estipendio a los obligados de dicho abasto.
Que en los términos de esta Villa y Conzejo, ay el Puente grande de piedra, nombrado de San Sebastian, montado sobre la ria de ella. Otro también grande, nombrado de Sabugo, montado sobre un brazo de dicha ria. Otro también en la misma ria y brazo de mar, nombrado con su calzada el Puente nuevo, que sigue de esta Villa al Combento de Nuestra Señora de la Merced, y parroquia de Sabugo. Otro también de piedra, montado sobre el rio de Villa, nombrado de la Tegera; y tres de madera, uno en el rio de Villaalegre, otro en el de Lleranes, y otro en el de Villa, por los que no pagan cosa alguna los que los transitan.
Y que en esta Villa se celebra / mercado todos los lunes de cada semana, asi de granos y mas cosas comestibles, como de ganados, los que son francos, a excepcion de la alcavala que se cobra de dichos ganados, miel, manteca, lino, vino y aceyte (al margen
del manuscrito se lee: ojo engaño), correspondiente a la renta de la cuchar, que dejan respondios sobre la veinte y tres, a lo que concurre de fuera del Conzexo. Y asimismo se celebra una feria franca en esta dicha Villa, y Campo de San Roque / que empieza el
dia de este Santo, diez y seis de agosto de cada año, y feneze a ultimos de él, sin que se cobre utilidad alguna por esta razon.

jueves, 22 de febrero de 2018

SOBRE UNA CAPILLA EN LA CASA DE LOS GARCÍA PUMARINO EN 1706

En el Portal de Archivos Españoles, y más concretamente en el Archivo de los Condes de Priego, encontramos cosas como esta:

" Clausulas del testamento otorgado por Rodrigo García Pumarino el 6 de Enero de 1706, por el que funda una capellanía bajo la advocación de San Toribio y de la Virgen del Pilar en la capilla de su casa de la Villa de Avilés, ordenando realizar un retablo. Deja como patrono de dicha capellanía a Rodrigo García Pumarino"

 Añadimos dos páginas de dichas clausulas, si alguien las queire completas, que deje un mensaje en el blog y se las enviare por email.




jueves, 15 de febrero de 2018

UNA ESTRELLA FUGAZ PASA POR AVILES EN 1769

En la crónica del escribano Reconco:

" El día cinco del mes de septiembre de este año 1769, y el día seís. Yo Francisco Fernández Reconco, con el motivo de haberme levantado una hora antes del amanecer, a tiempo que estaba todo el cielo claro y estrellado, ví y reconocí una estrella, cosa nueva, porque era chica y más oscura que las otras. Que tenía una cola al modo de la de un caballo, negra y cenicienta; y de fuego, a mi modo de entender, tenía de largo un tiro de piedra con la mano; cuya estrella se hallaba en el sitio donde se halla el sol, a las diez de la mañana, y luego que salió el lucero para amanecer, se oscurecía dicha estrella y cola. Doy fé como notario Reconco.

martes, 13 de febrero de 2018

MIRANDA EN LOS DIARIOS DE JOVELLANOS

Extraído de un artículo de Jose Manuel Feito en la revista del bollo de 1980.

"...Miranda, lugar grande, compuesto de tres o cuatro barriadas algo separadas en que está reunida la población. En una de ellas vimos los hornos y fábricas de barro común que aquí se trabaja; la mayor parte de ellos cavados en la tierra, de grosera y no bien dirigida forma.
El barro es rojo y después de cocido conserva el mismo color, aunque más claro y algo tirando a blanco. Para darle el negro brillante y fino de los botijos, basta cerrar muy cuidadosamente el horno después de la cochura, y sin duda el humo ahogado en él penetra por todos los poros del barro y se vuelve negro.
La operación preparatoria se reduce a machacar el barro, que se trae el mismo término, pasarlo después por un tamiz, amasarlo luego en unos duernos con agua, y al fin pasarlo a los tornos para darle forma.
Hay como unos treinta hornos en que se trabaja el barro común y da color negro; otros cuatro destinados al barro blanco, aunque no lo es, con su vidriado blanco y amarillento y con algunos rasgos verdes y azules. En estos se hace la antigua y originaria vajilla de nuestro pueblo.
Un horno se carga con doscientas docenas de piezas, bien entendido que la docena que lleva doce piezas pequeñas, se compone de cuatro, tres, dos y aún una sola pieza si son grandes, graduándose la cuenta por el tamaño y no por el número.
Cuando se trabaja se arrebata de las manos de los fabricantes: Consúmese en Asturies y en toda nuestra costa septentrional, desde Vizcaya a Galicia..." (Diarios, 2 de agosto de 1792).

CASAS, HORREOS Y PANERES QUE HABÍA EN AVILES EN 1753

Sobre este tema nos dice el Catastro de Ensenada:

 "En esta Villa y sus arrabales ay él número de quatrocientas noventa y nueve casas avitables, y veinte y tres arruinadas; y en las parroquias del Conzexo doscientas setenta y tres asimismo avitables, que hacen el de setecientas setenta y dos, sin las arrui-/ nadas. Que también hay a la frente y lados de la de las casas de esta Villa y Conzexo, doscientos treinta y un orrios, y treze paneras. Y en quanto asi tienen o no algúna carga por el establecimiento del suelo, se remiten a las relaciones de sus respectivos dueños donde constará"

viernes, 9 de febrero de 2018

TERREMOTO EN 1755

En la crónica del Escribano Reconco:
Para que nos sirva de enmienda y vivamos como Dios nuestro sefior manda, pono aqui la notizia y curiosidad cierta de lo que paso este año de 1.755. En el dia de Todos Santos de este afio de 1.755 que nuestra Madre la Iglesia zelebra de prezecto; estando el dia muy claro, sosegado en calma y sin bientos, siendo entre diez y once de la mafiana, se reconocio un temblor de tierra en esta villa, y despues por nocias que binieron fué general en todo el mundo; en cuya ocasion estando los Riligiosos y Religiosas de esta villa celebrando la misa maior, juzgaron se cay la lglesia y conbentos, y se salieron del combento asustados muchos religiosos, y las monjas salieron del coro y otra de sus celdas dando boces porque oyeron restrallar Ias maderas y menearse todo a un tiempo. En cuya ocasion, Yo, Francisco Reconco, escribano de éste número, estando en la plaza mayor de esta villa, frente a la torre del relox de ella, no siendo oras de dar campanadas, y con el motibo de este temblor, le oy dar slete campanadas chicas. Y de alli a una ora y media bí que los cafios de esta villa, con el motibo de remudarse la tierra en su centro, se puso el agua por espacio de mas de zinco oras, mas rebuelta y turbia que el barro colorado, pues algunos dezian que era sangre. Muchos vezinos de esta villa se salieron de sus casas, juzgando caya sobre ellos, dando bozes. En cuya ocasión estaba la ría bazia del todo, y en pozo, junto a la puente se lebanto ó bino del mar alta un golfo de agua, que obligó a flotar los nabíos que allí estaban y se dieron unos con otros y dentro de un quarto de ora, bolvieron quedarse en seco toda la ría.

viernes, 26 de enero de 2018

AVILES ANTE LA GUERRA DE SUCESION

Artículo de Evaristo C. Martínez-Radío Garrido en la Revista del Bollo

 La Guerra de Sucesión (1701-1715) fue un conflicto que afectó claramente al Principado y, con él, a Avilés. Se trató de una etapa complicada de la que mostramos simples pinceladas de todo un complejo panorama. Pues bien, en esta villa tenemos noticias sobre su defensa antes de la propia contienda, pues ya en 1700 se repara su cárcel, cuestión importante, sobre todo, en levas y reclutas. La noticia del fallecimiento de Carlos ll y su testamento (origen del conflicto, como es sabido) llegan al lugar el 16 de noviembre, siendo acatado como en el resto de Asturias. Avilés, al igual que el Principado en lo que le toca, aprovechará la llegada del nuevo monarca, Fe|¡pe V, para buscar que se le reconocieran privilegios a través del Marqués de Valdecarzana, capitular de la villa, que se hallaba en la Corte.
 Respecto a sus defensas, en marzo de 1701 se le encarga a Fernando de León Falcón que pasara, con otros delegados, a reconocer los desperfectos de la muralia por la parte del huerto del convento de San Bernardo donde habían caído poco más de doce metros y medio y precisaba prontos reparos. Las defensas preocupaban, así que poco más de un mes más tarde ya estaba arreglada. A finales de septiembre de 1702, el sargento mayor de Avilés, el capitán Francisco Sánchez Valdés, expone que había buenas murallas, aunque sin portillo; de sus puertas, unas estaban caídas, y otras no se podían ni abrir ni cerrar, con lo que solicita que se procure remedio, lo cual seguirá demandando en marzo del año siguiente, mientras pedía munición. 
En lo que hace a pertrechos, a comienzos de junio de 1701 el sargento mayor ya había satisfecho lo debido por poco mas de 11 Kg de pólvora que había sacado del almacen. Pero no era suficiente, y el tiempo pasa...A finales de marzo de 1703 se trata en el ayuntamiento la cuestión de pertrecharse para defenderse de algún ataque. En ese momento, de tensión y de temores de indefensión – sobre todo por parte de Gijón – se dió una falsa alarma que mostró la gran falta de armas de fuego y pólvora. El sargento mayor pide buscar armas de fuego nuevas (tratarán de hacerse con 50 fusiles) y pólvora, pero poco más de tres meses después la villa no pudo hacerse con los fusiles y sólo había comprado en San Sebastián unos 86 kilos y medio de pólvora, que costaron 4 reales y medio por libra, sin fletes, así como 50 balas de cañón. El coste total 924 reales sin los costes ni los fletes para pagar al marinero que los había traído. Seguirán buscando la compra de fusiles. 
 A este respecto en abril de 1702 el gobernador Juan Blasco de Orozco, ordena que el sargento mayor reparara los dos castillos de la villa. Con ellos, que se construyeran todas las fortificaciones (y atalayas) que fueran necesarias y que se repararan las que hubiera. También debería disponer que se llevaran a cabo todas las fortificaciones previstas anteriormente para los puertos de mar del concejo y que no estaban realizadas, lo que sería costeado por las justicias – oficiales menores de justicia, algüaciles – y los concejos que no obedecieran las órdenes dadas. Por su parte el conde de Canalejas y Adelantado de la Florida escribe al tal sargento en junio comentando la necesidad de desplegar centinelas en el castillo de San Juan (del que era castellano); notificó también esta carta al escribano de la villa de Infiesto y podatario suyo, para que fuera a Avilés y actuara cumpliendo lo que a él le tocaba, pues no podía hacerlo el en persona. Era el encargado de que este tuviera su artillería,la cual traerá a su costa, como los guardias, etc. En este punto se detecta cierta tensión entre él y los capitulares en lo que se refiere a potestad y responsabilidades sobre la misma, y precisamente, quién debía disponer los hombres que hicieran las vigías así como lo tocante a los materiales. Vayamos por partes. 
 En el punto de la artillería, a fines de septiembre de ese año, los carretones y las cureñas que se encontraban en ese momento en el atrio de San Nicolás, estaban mal reparadas y no se podían transportar a donde se necesitaran llegado el caso. Ademas, nuevamente aparece la carencia de munición. Sanchez Valdés, alega la deficiencia como la razón de no haber colocado en el castillo de San Juan las dos piezas de artillería, que ya había hecho traer el conde de Canaleias a Avilés para ubicarlas en la torre. A la par, el Ayuntamiento buscará la munición en Vizcaya. Pasa el tiempo y a fines de junio de 1703 ya están hechos los carretones y se solucionaron otros problemas respecto a la artillería, asunto para el que se habían nombrado delegados a Sánchez Valdés y al capitán Diego de Miranda. Debemos decir que la villa contaba con un artillero, Melchor de la Vega, el cual en un principio no tenia un salario establecido. Pero el 31 de mayo de 1701 se acuerda pagarle 72 reales de salario que se le debian. No solo eso, pues Alonso Carreño mayor en dias, deja sentir que en adelante convenía que se le proporcionaran 12 reales al año por su función. 
En lo que hace a las centinelas y alarmas, en octubre el Sargento Mayor da orden de poner en el pórtico de San Nicolás nueve hombres de guardia continua. Tales guardias debian ser vecinos del casco de la villa y/o del arrabal de Sabugo. La medida no sentó bien a los capitulares, quienes consideraban tres hombres como suficientes para la defensa del lugar, ya que la entrada de la barra de la villa estaba a una legua de distancia y en ella había en dos lugares guardias avanzadas y solo las de San Nicolas podian recoger y dar el aviso proveniente de las demás; pero no eran capaces de hacer frente a un desembarco. Con todo, solicitan al Sargento rebajar el número de guardias a tres hombres como mucho, ya que, en su opinión, perjudicaba a los pobres y en esas centinelas no se incluían a los capitulares, "respecto de que por su graduación y exenciones que deben de gozar no se les debe de obligar sino en los casos que la urgencia y servicio de Su Majestad lo pidiere, pues se debe de creer que en éste serán los más prontos que acudan a todo lo que fuere del real servicio Es decir, se veía en esa obligación un ataque a su estatus social y no era una medida bien vista por las elites; otra cosa es si podia ser cierto que fueran los primeros en derramar su sangre llegado el caso. Advierten que, de no tenerles en cuenta, acudirian al Gobernador del Principado y al Consejo de Guerra. Lo que nos evidencia esta disposición es que la villa no parece demasiado alarmada. Aquí enlazamos con lo aludido más arriba de las potestades y obligaciones del alcaide, el conde de Canalejas. A finales de febrero de 1703, el gobernador mandaba que el sargento mayor, en conformidad de una cédula real que se hubiera recibido, pusiera centinelas en el torrejoncillo de San Juan “por cuanto el conde de Canalejas, alcaide de el con la gente necesaria”, que ira sustituyéndose, de manera que siempre debería haber guardias. También mandaba emplazar los dos cañones que ofrecía el mayordomo de Avilés y que las centinelas de la villa se dispusieran donde era costumbre. La cuestión no estaba exenta de polémica. Al mes siguiente sigue el asunto y se ordenó al sargento doblar la centinela del torrejón y ubicar las dos piezas que el conde de Canalejas había ordenado a su mayordomo que pusiera en la torre. No obstante, no se le indicó quien correría con los gastos de la pólvora y munición de los cañones, con lo que sin tales medios no valían para nada. Otra vez el problema económico: quien lo paga (algo muy grave en el Principado del momento); Fernando de Inclán de Arango y Pedro Estévanez de los Alas fueron de la opinión de que el torrejón no era responsabilidad de la villa. Como sea, pasa el tiempo, hasta que en julio Fernando de Inclán y el capitán Diego de Miranda llevan al castillo de San Juan las dos piezas de artillería de la villa. Cuestión que costó 137 reales y 6 maravedís. También llevaron 2,3 kg. de pólvora y 2 balas de cañón para probar las piezas y comprobar su alcance y, asimismo, dieron al artillero del castillo 11,5 kg. de pólvora y 10 balas, que solo debía gastar en caso de enfrentamiento con el enemigo. 
A fines de marzo del crítico año de 1706 la villa de Avilés expone estar bien defendida, cuestión que contrasta con la otra gran villa marinera que expresó claramente su temor a ser invadida. El caso es que se queja, a través de Fernando de Inclán, de que se veía sin la Real Caja de la Renta de Salinas del Principado, de la residencia de su administrador y demás encargados de la Renta y de la falta de llegada de juristas y comerciantes. Con ello, le perjudicaba la caída del comercio y consumo de sus géneros y manufacturas. Es decir, el temor a una invasión haría que Avilés se resintiera económicamente, por lo que quiere demostrar que no debía temer suma, nada menos que se alega ser la más segura del Principado, a salvo de los saqueos, al contrario que las demas villas costeras. Pero aunque Avilés fuera la única villa costera protegida, en caso de haberse efectuado una invasión y un asentamiento enemigo poco daría esa defensa en caso de ser rodeada. Por otro lado, habría que ver que de cierto contenían esas palabras en boca de Fernando de Inclán, ya que pudieran ser sólo argumentos ante un resentimiento económico. Suena extraño que fuera la única que no solicitara ni pidiera ayuda de todas las asturianas, incluso constando antecedentes en la anterior centuria de algún saqueo e intrusión enemigos. Esto no quita, por supuesto, que tenga alguna razón. 
 Respecto a las milicias, contaba con algunas compañías, tenemos noticias de que en 1708 se creó un nuevo regimiento, si bien no tenemos mucho mas que decir.

sábado, 20 de enero de 2018

EL MARTINETE DE VILLALEGRE

El Martinete, ubicado en lo que hoy son las canchas de deporte del Colegio Público Apolinar García Hevia, fue la metalurgia del cobre hace 300 años en Avilés, motor de la economía municipal y proveedor de la materia básica para que los caldereros remendones y tratantes remataran definitivamente las piezas de valor que pasaban al mercado local, regional y nacional: calderos, ollas, potas, alambiqueros, etc. Estos caldereros trabajaban fundamentalmente en el Vidriero, Miranda y la calle la Ferrería.

En 1700 está datado el Martinete de Solís, con 119 caldereros en 1753. Diego Benito Gutiérrez, tratante del cobre, compra, en el año 1755, una propiedad en Villalegre para habilitarla como martinete, ubicada entre el Castañedo y La Espina, y que consta de una casa con pajar, un molino harinero y ½ Ha. para cultivo. Su instalación sigue el modelo de las fábricas vascas. Inicialmente parece que pasa por serias dificultades debido a los gastos originados por la construcción del martinete, al pago de los impuestos y al poco caudal del río. Sin embargo los datos parece que no se ajustan a la realidad y que más bien tendían a evadir el pago de impuestos, porque Diego Benito Gutiérrez construye el Palacio del Martinete, la capilla anexa, con pomposo escudo en la fachada principal, y el martinete como tal, con la ñora y los cazos para hacer funcionar el mazo. El escudo de Diego Benito es el que está colocado sobre la fuente de los caños a la entrada de la calle La Fruta, en Avilés. En 1761 tiene 12 obreros en plantilla y 13 en 1771, mano de obra cualificada, de condición hidalga y de origen vasco o de los expertos caldereros de Miranda. Inicialmente se abastece con la materia prima de Perú y Chile, pero se trata de un cobre agrio, frágil y poco maleable. Posteriormente adquiere el cobre en el Norte de Alemania, Hamburgo, de mejor calidad. El carbón vegetal procede de los montes de Corvera.

Juan Antonio Muñiz Lorenzana, párroco de Corvera, describe la realidad del cobre: La Revolución Francesa corta el suministro del cobre procedente de Hamburgo por lo que es necesario volver a usar el de las colonias, Perú y Chile, más barato dado que no hay que pagar impuestos de importación, pero, a causa de su mala calidad es necesario adaptarlo, calcinarlo previamente y someterlo a un proceso de reverberación, para convertirlo en maleable. Se construyen dos hornos de reverberación, con 10 operarios. En 1819 adquiere la propiedad Pantaleón Carreño. Se incorporan a la producción importantes armadores y comerciantes vascos: Zaldúa y Legorburu. Con la independencia de las Colonias es necesario adquirir la materia prima en el país vasco, llegando a producirse 28 Tm. anuales, lo que significa un notable aumento. La época de mayor esplendor es la correspondiente al período transcurrido entre 1814 y 1850. Aparecen ligados al Martinete del Río Arlós apellidos como Solís, Legorburu, Pantaleón Carreño (que fue alcalde de Avilés), Rodríguez de la Flor y Adriano Troncoso. En 1845 desaparece el martinete de Solís y queda sólo el de Villalegre. Madoz describe tres oficinas:- Dos hornos de refrigerado.
- 1 fragua
- 1 de acabado.
Todos ellos se entienden como talleres independientes del propio martinete. En 1833 estallan las Guerras Carlistas por lo que la materia prima hay que buscarla en Asturias, Galicia y León, y hacia estos lugares se dirige especialmente la exportación. En 1839 tiene un beneficio anual de 200.000 reales porque la mitad del
comercio avilesino está relacionado con el cobre.

A partir de 1857 los herederos tienen menor empeño en el martinete y se orientan más a profesiones liberales. Siguen apareciendo apellidos ilustres relacionados con el martinete: Arenas, Carvajal y Fernando Carreño, médico que en 1875 usa la mansión como residencia de verano. Residencia cerrada con muro de mampostería, y cuya fachada principal miraba hacia el Este, con amplio camino franqueado por árboles ornamentales y frutales desde el portón hasta la entrada de la casa. La guerra civil destruyó parte de la capilla anexa, y por último, el campo de deportes del Colegio público Apolinar García Hevia ocupó el espacio del Martinete.

viernes, 19 de enero de 2018

HOSPITALES EN 1753

En el Catastro de Ensenada:
...A la treinta que en esta Villa ay dos hospitales, uno fundación de las memorias y obra pia de Pedro Solis, para refugio y hospedage de peregrinos; y otro en la Plaza de esta Villa, nombrado de San Juan, para recoger pobres enfermos de ella, de que es patrono su Justicia y reximiento. Y en quanto/ a sus rentas y de que efectos se mantienen, se remiten a las relaciones juradas que se hubiesen dado, así por el administrador del dicho de peregrinos, como por el Procurador General de esta dicha Villa, por lo respective al referido de San Juan.

Y hubo una malateria llamada la Magdalena de Corros, que actualmente es Curato.

jueves, 11 de enero de 2018

PROFESIONES EN AVILES EN 1753, SEGÚN EL CATASTRO DE ENSENADA

 Qué ocupaciones de artes mecánicos hay en el pueblo, con distinción,  como  albañiles,  canteros,  albéitares,  herreros, sogueros,  zapateros,  sastres,  pelaires,  tejedores,  sombrereros, manguiteros y guanteros, etc.; explicando en cada oficio de los que  hubiere,  el  número  que  haya  de  maestros  oficiales  y aprendices,  y  qué  utilidad  le  puede  resultar,  trabajando meramente de su oficio, al día cada uno

 • En esta Villa y Conzexo ay un Preceptor de Gramática, quatro Cordoneros, cinco Alvañiles y  tres  Oficiales,  nueve  maestros  de  Cantería,  y  cinco  Oficiales,  tres  Tallistas  y  quatro Evanistas Maestros, quatro Oficiales, onze Maestros Carpinteros, quatro de embarcaciones y  ocho  Oficiales,  y  que  también  ay  seís  Maestros  de  hazer  Carros,  nueve  Maestros Cerrageros,  y  dos  Oficiales;  quinze  Maestros  Herreros,  y  doze  Oficiales  con  quatro apredizes;  tres  Herradores;  ocho  Confiteros  y  Chocolateros.  Y  que  también  de  dichas ocupaciones de Artes, ay diferentes tratantes en cobre y calderería, Alfareros, Maestros y Oficiales de Sastre, Maetros Curtidores, Zapateros de nuevo y viejo, y Oficiales, Sabarzera y Saleras, Horneras, y dos Tablageros. Y que en quanto el número fixo de cada gremio, de los que no van expresados y sus utilidades, se remiten a las regulaciones que se huviesen hecho por las personas nombradas a tal fin

 Bibliografía La Villa y el Concejo de Avilés, según las Respuestas Generales del Catastro del Marques de La Ensenada de Ramona Pérez de Castro